sábado, 9 de septiembre de 2017

Todo bien, gracias. Como siempre.





Empezar bien el día. Ir viendo las noticias de mierda de hoy y de siempre, ver imágenes de los españoles que huían durante y tras la Guerra Civil española, pillar una película a medias sobre la Maternidad de Elna, en las inmediaciones del campo de refugiados de Argelès-sur-Mer en los años 40 y ver, frentre a la bondad responsable de la fundadora, Elisabeth Eidenbenz, la maldad organizada de los nazis. Volver a pensar en los millares, cientos de millares de refugiados sirios, yazidíes y demás desgraciados habitantes del lado oscuro de este mundo hoy, y terminar, una vez más, deseando parar el mundo y apearme de él, desde mi sofá, andando alrededor de mi sofá, yendo del sofá al lavabo y vuelta a mi sofá.
Pensar en tomarme un valium o fumarme el tercer cigarro del día, que al final me fumo, aunque no me conviene. Yo y mis cosas. Enchufar el ordenador porque se me ha acabado en ese momento la batería. Ir a mear, porque me he dado cuenta de que me estaba meando desde hace mucho rato, mientras gemía llorando sin poder llorar, todo al mismo tiempo que escribía, murmurando que este mundo es una mierda, que es un asco, que el infierno está en este mundo, que cuando mis hijas eran pequeñas tenía miedo de haberlas traído a un mundo de mierda y ahora ya tengo dos nietas en este mundo más enmierdado aún que hace 30 ó 20 años. Darme cuenta de que todo esto pasa por mi mente mientras estoy en un entorno mínimamente
protegido, por ahora, nunca se sabe. Plantearme que lo mejor sería no ver las noticias, no ver ningún documento, documental
o docudrama de lo que ha pasado, está pasando o puede llegar a pasar. Darme cuenta de que, si la enfermera suiza que fundó la maternidad de Elna hubiera pensado igual, hubieran muerto muchas más mujeres y niños españoles y judíos de los que ya habían muerto antes de que ella se moviera. Darme cuenta de que mi dolor y mi rabia son inanes, no consiguen nada. Que soy sensible pero cobarde. Que es mi deber cuidarme pero es egoísta también. Y llegar a la conclusión de que acabo de pasar toda la miseria del mundo por el cedazo de mi narcisista, pequeño, dolor inútil.

Todo bien, gracias. Como siempre.


Fotografías:  "Migrant Mother", Dorothea Langer, 1936

No hay comentarios:

Publicar un comentario