Empezar bien el día. Ir viendo las noticias de mierda de hoy y de siempre, ver imágenes de los españoles que huían durante y tras la Guerra Civil española, pillar una película a medias sobre la Maternidad de Elna, en las inmediaciones del campo de refugiados de Argelès-sur-Mer en los años 40 y ver, frentre a la bondad responsable de la fundadora, Elisabeth Eidenbenz, la maldad organizada de los nazis. Volver a pensar en los millares, cientos de millares de refugiados sirios, yazidíes y demás desgraciados habitantes del lado oscuro de este mundo hoy, y terminar, una vez más, deseando parar el mundo y apearme de él, desde mi sofá, andando alrededor de mi sofá, yendo del sofá al lavabo y vuelta a mi sofá. protegido, por ahora, nunca se sabe. Plantearme que lo mejor sería no ver las noticias, no ver ningún documento, documental
o docudrama de lo que ha pasado, está pasando o puede llegar a pasar. Darme cuenta de que, si la enfermera suiza que fundó la maternidad de Elna hubiera pensado igual, hubieran muerto muchas más mujeres y niños españoles y judíos de los que ya habían muerto antes de que ella se moviera. Darme cuenta de que mi dolor y mi rabia son inanes, no consiguen nada. Que soy sensible pero cobarde. Que es mi deber cuidarme pero es egoísta también. Y llegar a la conclusión de que acabo de pasar toda la miseria del mundo por el cedazo de mi narcisista, pequeño, dolor inútil.
Todo bien, gracias. Como siempre.
Fotografías: "Migrant Mother", Dorothea Langer, 1936


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