domingo, 9 de septiembre de 2018

Como quien juega a las casitas



Levantarme por la mañana 
como si tuviera esperanza

Ducharme, darme crema, peinarme 
como si me gustase a mí misma

Salir a la calle
como si no sintiese miedo a los espacios abiertos

Pasear obligándome a salir de mi ensimismamiento 
como si me gustase el entorno

Comer con alegría 
como si la comida no hubiese sido motivo de conflicto en mi vida

Llevar una agenda e ir cumpliendo lo que me he propuesto 
como si creyese en mí

Creer a quien me dice que me quiere 
como si me creyese digna de ser amada

Amar con la cabeza y el cuerpo entregados a quien amo 
como si no me diese miedo la entrega

Frecuentar a las amistades 
como si me sintiese cómoda en sociedad

Llegar a tener amigos y amigas íntimas 
como si no me intimidase la intimidad

Ser constante con las actividades que me traen bienestar 
como si tuviese derecho a ser feliz

Tratar a mis seres queridos con naturalidad
como si yo me perdonase lo que ellos, a lo mejor, tampoco pueden perdonarme

Morir en paz cuando llegue la hora 
como si hubiese vivido de manera consecuente.

Quizá, así, consiga quererme a mí misma. Porque el roce hace el cariño.