Levantarme por la mañana
como si tuviera esperanza
Ducharme, darme crema, peinarme
como si me gustase a mí misma
Salir a la calle
como si no sintiese miedo a los espacios abiertos
Pasear obligándome a salir de mi ensimismamiento
como si me gustase el entorno
Comer con alegría
como si la comida no hubiese sido motivo de conflicto en mi vida
Llevar una agenda e ir cumpliendo lo que me he propuesto
como si creyese en mí
Creer a quien me dice que me quiere
como si me creyese digna de ser amada
Amar con la cabeza y el cuerpo entregados a quien amo
como si no me diese miedo la entrega
Frecuentar a las amistades
como si me sintiese cómoda en sociedad
Llegar a tener amigos y amigas íntimas
como si no me intimidase la intimidad
Ser constante con las actividades que me traen bienestar
como si tuviese derecho a ser feliz
Tratar a mis seres queridos con naturalidad
como si yo me perdonase lo que ellos, a lo mejor, tampoco pueden perdonarme
Morir en paz cuando llegue la hora
como si hubiese vivido de manera consecuente.
Quizá, así, consiga quererme a mí misma. Porque el roce hace el cariño.

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