sábado, 21 de noviembre de 2020

Amo rosam

Viejos pulmoncitos queridos, aliento mío. La tristeza de ir a medio gas circula entre esos alveolos, bronquios, bronquiolos, palabritas rosa que aprendí en días de colegio, hace casi una vida. Os acompaño con conciencia, acompañadme vosotros a mí. Reconciliémonos de esa enemistad tonta entre nuestra familia y vosotros mismos. No podemos vivir los unos sin los otros, así que vayamos a una todo el tiempo que tengamos. Os doy las gracias por vuestra alquimia que convierte el aire en vida.

Tráigame el libro de reclamaciones

Andamos ofendidos con la vida últimamente. Nos parece que nos está dando un mal servicio; no nos deja transitar libremente; no nos ofrece seguridad. Nos causa miedo si nos ha tocado de pleno la enfermedad o la muerte de seres queridos, nos sentimos fastidiados si coarta nuestros movimientos; nos sentimos inseguros si nuestra supuesta estabilidad se ve en peligro, y se sienten igual de mal, al parecer, según sus gritos, quienes no saben si podrán pagar su piso del extrarradio el mes que viene y los que no pueden marchar a una segunda residencia con su jardín y su jardinero el próximo puente. ¿En qué momento llegamos a perder el contacto con la realidad? ¿Cuándo llegamos a creer que éramos consumidores de vida con un contrato, con una garantía, con un seguro? Hace dos generaciones los niños pequeños podían morir de una amigdalitis, podías morir por una herida en el dedo mal curada, de parto, muy frecuentemente, por un alimento en mal estado, por una cirugía carnicera, teniendo en cuenta los medios disponibles. Es más: Muchísima gente está muriendo ahora mismo por todas estas cosas y otras más nimias en África. Ahora, hoy. Estupor es lo que siente mucha gente, ahora mismo, en esta Europa que se mira el ombligo permanentemente. Estupor y sentimiento de estar siendo estafada como si vivir fuese un derecho inalienable. Y sí. Una vez nacidos tenemos derechos por los que luchar, con mayor o menor fe, como el derecho a la educación, una vivienda digna, el derecho al trabajo justamente pagado, acceso a la Sanidad, por supuesto. Y el derecho de vivir en paz,como cantaba mi querido Victor Jara. La vida, o Vida, como queramos, tiene sus propias leyes. O ninguna. O es un ente sin ojos, o es un padre protector, o uno vigilante con la vara presta, o la vida es una rueda en movimiento perpetuo. Cada quién busca cómo entender y entenderse con esta vida como puede. Quizá debamos pararnos a pensar si nuestra permanencia y nuestra transcendencia son tan importantes para el Universo. Mientras tanto vamos encajando las ausencias o las pérdidas de salud, aprendiendo a vivirlas como una realidad nueva.