Esta gratitud que siento hoy me nace en el pecho, en él se enraiza y nace un árbol que, lejos de deshacer mis entrañas, con sus brazos subterráneos, me afianza, me abraza para que nada de mí se pierda, como las raíces de una planta retienen la tierra en el cepellón.
Está fuera de toda lógica estructurada pero tiene toda la lógica del mundo.
Mis ancestros me dijeron que soltara el carro que arrastraba y me lastraba y así lo he hecho. Aún quedan pequeñas raicillas de apego y algo de ajenjo amargo, pero el árbol de la gratitud crece y crece, lenta pero inexorablemente. Me dará sombra y cobijo y en su copa anidarán los pájaros de la esperanza.

