jueves, 21 de abril de 2022

Duelo por una niña

 

Foto de Kati Horna (1912-2000)


Se ha muerto una niña. 

Nació en guerra y pasó hambre y frío. Por eso le gustaba guardar cosas y monedas por todos los rincones. Por si acaso. 

Le gustaba jugar a las casitas pero no tenía platitos ni ollas de juguete, ni mantelitos tampoco, así que, en cuanto pudo, se hizo de muchos platos, muchos vasos y muchas tazas. Muchos trozos de tela de colores también, así hacíamos de ver, como todos los niños dicen mientras juegan, que tenía un ajuar digno de una reina de su casa. 

Le gustaba soñar con que era una belleza del cine y por eso se ponía piedras en la suela de sus alpargatas para parecer que era una chica con zapatos de tacón. En los pocos ratos en que coincidió su niñez con la mía, mientras me pintaba castillos y princesas, me explicaba eso de las piedras, pero nunca entendí muy bien cómo lo hacía. 

Le gustaba hacerse vestidos como los de esa princesa del castillo, con los que daba vueltas sobre sí misma en las verbenas y las bodas, jugando a ser la Cenicienta en el baile. También se cosía  florecitas en la ropa y se ponía mariposas en el pelo. 

Le gustaban las muñecas pero no tuvo más que una, de cartón, que los Reyes Magos le dejaron en casa de su madre. Quienes la quisieron le regalaron más muñecos, ya después. Dormía con los dos que más le gustaban y con ellos en su pecho se fue para jugar por siempre jamás. 

Debió pasar mucho miedo y también vergüenza,  por eso era llorona -"boca rana" la llamaba su madre- y peleona también. No creo que nunca fuese plenamente consciente de lo que sentía ella misma de verdad y, menos aún,  lo que sentían o necesitaban los demás a su alrededor pero, así y todo, algo especial tendría, cuando muchas personas hubiesen querido ser amadas por ella. 

Con siete años fue a trabajar por primera vez, de criadita, para una familia de los ricos del pueblo. Tenía que subirse a un taburete para llegar al fregadero y no le daban bien de comer. Le dijo a la señora que "para pasar hambre, se volvía a casa". La mujer le contestó que "se fuera a casa de su madre, a que le diera pollo". "Pues aquí tampoco lo he comido" le espetó la niña. Me la imagino bajándose del taburete y yéndose bien digna. Fue muy trabajadora siempre.

Tenía 85 y era mi madre. La última noche juntas la pasé mirando a esa niña, pequeñita de nuevo. Sin corazas ya ni recelos, sin malicia ni dolor, con sus muñequitos entre sus brazos. Niña bonita para siempre ya. Querida niña mamá. 




martes, 15 de marzo de 2022

Deshielo del duelo

 

Honor C. Appleton
The Snow Queen 


Se puede llorar un dolor antiguo, un fósil de dolor, un dolor metido en un bloque de hielo que parecía eterno. 

Se puede extraer un dolor viejo como se quita una muela podrida pero bien enraizada; como se sale de la mina, tiznada pero sobreviviente.

Se puede expulsar un dolor inane, como pariendo una mola, con los dientes apretados y un desgarro desesperanzado pero necesario. 

Sólo confío en que este dolor, que tan enquistado estuvo, deje un hueco en mi pecho para poder,  por fin, respirar mejor.

domingo, 9 de enero de 2022

A veces es dififácil

 



A veces hay que releer para olvidar, ausentarse para no desaparecer,  desatarse para anclarse a la vida. A veces hay que escuchar cuentos para entender la realidad, buscar la llamita inmaterial para no quemarse en esta tierra,  dejar la costumbre para volver a lo íntimamente sabido. 

A veces hay que deshabitarnos para llegar a casa.

A veces hay que sacarles del corazón para que el amor no muera.