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| ChumMcLeod |
Tomamos postura ante la política y sus representantes, ante las creencias religiosas de unos o la falta total de fe de otros, ante las costumbres y las culturas de otras etnias diferentes a las nuestras. Criticamos al personaje público que se esconde cuando padece una enfermedad terminal y al que se expone, estando activo hasta el final. Hablamos de la vida privada de actores y de si les crece el culo a las actrices como si eso fuese lo importante, no su trabajo. Aún los supuestos programas deportivos son hoy una mezcla de cotilleos sobre el último peinado o el nuevo coche de un jugador de fútbol y declaraciones que nada tienen que ver con el deporte.
Da igual el tema del que hablemos, su urgencia o su importancia. Siempre termina colándose el cuñadismo y la crítica feroz. El patio de vecinos es ahora inmenso, el ruido ensordecedor y la vida de propios y extraños es expuesta, como la ropa tendida.
Si sales del redil por un momento te das cuenta de cómo, a pesar del hastío que te produce -cada vez más-, tú participas del juego. Es como un mal vicio: Te vas dejando llevar hasta que empiezas a hastiarte, ves las consecuencias de la crítica en el que la hace y en quien la recibe y dices: "Yo ya no quiero esto para mí. No quiero entrar en el juego de las hienas ni verme en el lugar del despojo". Eso sin contar con que, a partir de cierta edad, cada quien tiene la cara que se merece. La gente que todo lo juzga termina teniendo una cara que echa para atrás instintivamente. Y una es muy coqueta.
Da igual el tema del que hablemos, su urgencia o su importancia. Siempre termina colándose el cuñadismo y la crítica feroz. El patio de vecinos es ahora inmenso, el ruido ensordecedor y la vida de propios y extraños es expuesta, como la ropa tendida.
Si sales del redil por un momento te das cuenta de cómo, a pesar del hastío que te produce -cada vez más-, tú participas del juego. Es como un mal vicio: Te vas dejando llevar hasta que empiezas a hastiarte, ves las consecuencias de la crítica en el que la hace y en quien la recibe y dices: "Yo ya no quiero esto para mí. No quiero entrar en el juego de las hienas ni verme en el lugar del despojo". Eso sin contar con que, a partir de cierta edad, cada quien tiene la cara que se merece. La gente que todo lo juzga termina teniendo una cara que echa para atrás instintivamente. Y una es muy coqueta.
Pero mientras tanto, mientras jugamos y no jugamos al juego, a todo le ponemos etiquetas.
Siempre se dijo que los trapos sucios se lavaban en casa. Y es verdad. Intentamos guardar nuestra intimidad porque sabemos cómo nos las gastamos nosotros mismos con la información de los demás.
Todos sabemos lo que tendría que hacer el vecino con su vida. Es muy fácil decir "cómo se te ocurre", "yo en tu lugar" y "lo que tienes que hacer es...".
Hasta que te toca a ti la piedra. A ti o a los tuyos. Entonces relativizas, te vuelves posibilista y haces tuyas las palabras de Raphael (quién te lo iba a decir a ti): ¿Qué sabe nadie?

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