viernes, 4 de agosto de 2017

Letanía inútil

Ilustración:  Uri (blog 1967)
Siento que me hieres. Por mi ego.
Te lo cuento. Reaccionas a la de/o/fensiva. Por tu ego.
Digo algo que sé que te duele. Por mi ego.
Me gritas. Por tu ego.
Te grito. Por mi ego.
Intento explicar qué me ofende a gritos. Por mi ego.
Me gritas que sólo quiero discutir por gusto. Por tu ego.
Te acuso de no ser la primera persona en tu vida. Por mi ego.
Me dices que me lo merezco. Por tu ego.
Me acuerdo de toda tu parentela. Por mi ego.
Me nombras a toda mi parentela. Por tu ego.
Me defiendo ofendiendo. Por mi ego.
Te vas y me dices que ni te llame. Por tu ego.
Me dan ganas de mandarlo todo a la mierda, yo por delante. Por mi ego.
Vuelves pero no hablas como castigo. Por tu ego.
Quiero hablar y aclarar mi postura. Por mi ego...
Por mi ego, por tu ego, por nuestro grandísimo ego.
Por eso ruego a Don Gil de las calzas verdes, a Perico el de los Palotes y a Rita la Cantaora que intercedan por mí, ante quien corresponda, para que llegue yo a entender que más vale comerse cada cuál su propia mierda y que no soy tan importante como para ir doliéndome tanto.


De lo que tú hagas con tu ego no soy yo quién para opinar.
Para este viaje no hacían falta alforjas y me doy cuenta ahora.
¡A buenas horas, mangas verdes!


No hay comentarios:

Publicar un comentario