![]() |
| A través de Mónica Parga, de Miss at la Playa |
"Es una cuestión de expectativas", dijo mi amiga ante mis explicaciones. Yo le contaba mi desilusión ante un hecho que daba por seguro y que no dependía de mí, sino de la actitud de terceras personas. Hablar con alguien que tiene la sana costumbre de pensar es bueno. Nos ayuda a ver con perspectiva.
Las expectativas dependen de los sentimientos subjetivos, que dependen a su vez de la propia historia. No tener expectativas podría ser considerado como desesperanza, según la interpretación que le demos a nuestra experiencia pasada. Es aquello de que "el gato escaldado huye del agua fría".
Esa fue mi filosofía durante muchos años porque no quería pasarlo mal. Después decidí bajar la barrera y pasé a creer que "tol mundo é güeno". Pero tampoco. O sí, pero no a mi conveniencia.
En realidad, cargar sobre alguien la responsabilidad de mis expectativas es injusto. La idea preconcebida que yo me hago sobre cómo debieran ser las cosas es cosa mía. Si decido confiar, es mi opción. Si decido no esperar nada, también. Pero nadie está obligado a cumplir aquello que yo espero.
Pero ¿Qué debo esperar? ¿De quién debo esperarlo? ¿Quién es responsable de mis sentimientos?
Yo.
¿He de culpar, pues a alguien? No. Ni a mí misma. Yo estoy aprendiendo a vivir, como todo el mundo. Cada cuál a su ritmo y en su camino. Los caminos se cruzan y van paralelos o no. Todo aquello que estemos dispuestos a dar tendrá reciprocidad o no. No es mi responsabilidad lo que la otra persona decida. Mi actitud: Esa sí es cuestión mía.
Visto así, perdonarme a mí misma por no saber todo esto de antemano es ser benevolente conmigo misma. No poner mis expectativas en los demás, es ser benevolente con ellos también.

No hay comentarios:
Publicar un comentario