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| Foto: Joe Coca |
Yo sólo cumplo órdenes. Orden del día. Ordeno y mando. Una misión de primer orden. Ordo Fratrum Beatissimae Mariae Virginis de Monte Carmelo. Orden de los primates. Ordena tu cuarto. Susordenes, mi sargento. Vayan pasando por orden de fila. Pónmelo por orden alfabético. Lleva una vida ordenada. El orden de los factores...
He odiado gran parte de mi vida la palabra orden. Es, para mí, sinónimo de madre castradora. La mía. Era tanta la presión, cuando yo era pequeña, tanto el desprecio de ella hacia ese pecado original del desorden, tan antipática su manera de exigirlo, tanto... Que para mí la palabra desorden era sinónimo de rebeldía. Era una revolución heroica y moralmente necesaria el subvertir el orden establecido.
Las casas perfectamente ordenadas me parecían muertas así que, cuando limpiaba la de mi niñez, dejaba una cosa fuera de su sitio, como olvidada, encima de una mesa o del sofá. Desparramaba los juguetes y todo lo que utilizaba mientras ella trabajaba fuera de casa y recogía justo veinte minutos antes de la hora en que iba a llegar. Algunas veces me pilló.
No le faltaba a ella razón ni a mí méritos. "Es muy inteligente, pero tiene el pupitre muy desordenado", le dijo mi maestra a mi madre cuando yo tenía seis años. Acto seguido, mi madre se mojó el pulgar con la lengua y me pegó la etiqueta: Desordenada. Un baldón pa los restos.
Trabajando, da igual en qué, siempre fui ordenada, lo cuál es paradójico. Pero tardé muchos años en ver el lado bueno de lo que, para mi madre, era la máxima virtud. Ahora necesito orden para mantener la serenidad. Me afectan los ambientes caóticos, sucios o recargados de cosas. Veo fealdad moral en ellos, me pongo de mal humor, me bloqueo. Es tanto mi malestar que, a veces, reconozco a mi madre, la antipática, en mi forma de renegar.
Y sin embargo, quizá sea al revés: Es tanto mi malestar interior, que necesito tranquilizarme con lo externo. Tiendo a fijarme tanto en lo que yo considero feo, que necesito ver armonía. Tengo tantas cosas en la cabeza, todas a la vez, que no soy capaz de concentrarme si no está todo en su sitio.
Quiero equilibrio en mi vida, ya lo he dicho más de una vez. No quiero orden sin alma ni alma sin orden.
Voy a ordenar-me un rato.

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