viernes, 5 de mayo de 2017

De amores y palabras difíciles




Corazón roto (Fingerpainting).  Jaime Sanjuan
Aprender a quererse a una misma no es como enamorarse de otra persona. El enamoramiento es un estado transitorio en el que obviamos nuestro sentido común y nos dejamos llevar por la inconsciencia. Quererse a una misma, en la vida adulta y sin mucha experiencia, es como irse quitando espinitas de inseguridad y falta de autoestima clavadas desde hace mucho tiempo. Algunas se han encarnado, son un cuerpo extraño que a simple vista no se ve y hay que abrir para que salgan fuera. Y eso duele.

No es fácil porque, además, no se sabe bien cómo definir ese acto de amor. No es lo mismo el amor propio -relacionado con la dignidad, el pundonor o el orgullo- que el auto-amor. En realidad, esto del auto-amor sólo lo he visto escrito en textos de índole  espiritual/ista mezclado con una pizca de psicología y una pulgada de religiones orientales y me parece un término forzado por la necesidad de definir nuevos conceptos y matices.

Una palabra muy utilizada en Mindfulness es autocompasión.  Para entender lo que es la autocompasión buscaré primero el significado de compasión. La compasión es padecer con alguien, es decir, ir más allá de la simpatía, llegar a la identificación con el sentimiento de otro. Pero tiene un sentido de acompañamiento en el dolor. No contempla el sentimiento de alegría por el bien del otro. Por otro lado, es una palabra lastrada por el uso que de ella ha hecho el catolicismo, que la relaciona con la misericordia o la caridad.
La caridad es, según su etimología, benevolencia y solidaridad acompañadas de cariño. Pero las palabras se corrompen con el mal uso y la ideología de quien las utiliza. Para muchas personas, hoy en día, tiene un sentido clasista que se resume en la campaña que el régimen franquista lanzó en los años cincuenta:  Siente un pobre a su mesa por Navidad.
La autocompasión, además, tiene un matiz viscoso y repelente que nos hace pensar en el victimismo autoexculpatorio y que, a mí personalmente, me resulta antipático. Creo que me lo tendré que hacer mirar. Si tanto me repele, quizá mi sombra es muy alargada.

Como la palabra autocompasión no llega a cumplir todas las expectativas, podríamos pensar que la autocomplacencia es mejor y más buena. Pero quien pasa de la sana autoestima a estar encantado de haberse conocido termina cayendo fácilmente en un narcisismo egoísta que hace daño a los que viven a su alrededor. Y quien no es bueno con los demás tampoco lo es,al final, para consigo mismo.


Al fin, pues, parece que quererse podría ser una mezcla de amor propio, autocompasión, autoestima y buenos deseos y acciones hacia una misma y todo ello se podría resumir en el término bondad. 
Yo tengo un problema con eso:  Quisiera ser siempre buena -que no es lo mismo que virtuosa- para con los demás y también para conmigo misma. Pero muchísimas veces no lo consigo porque estoy cansada, o nerviosa, o me siento infeliz, o porque no sé hacerlo mejor o porque tampoco soy una santa. Por lo que sea. Pero deseo tener esa bondad y a esa voluntad se le llama benevolencia. Con ella me quedo.

 Quiero ser buena conmigo misma. Deseo ser buena conmigo misma. Deseo para mí una vida tranquila. Deseo aprender a desechar el dolor innecesario y a sufrir lo mínimo posible con el dolor inevitable. Deseo alegrarme con las pequeñas cosas y no gafar las grandes cosas por miedo. Deseo saber amar bien en su sentido más amplio y saber recibir el amor sin ambages. Deseo encontrar consuelo y contento en mí misma, sin dependencias emocionales insanas.

Deseo lo mejor para mí misma, porque me quiero querer bien. Y voy a aprender a hacerlo. Despacito y buena letra.



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