domingo, 9 de septiembre de 2018

Como quien juega a las casitas



Levantarme por la mañana 
como si tuviera esperanza

Ducharme, darme crema, peinarme 
como si me gustase a mí misma

Salir a la calle
como si no sintiese miedo a los espacios abiertos

Pasear obligándome a salir de mi ensimismamiento 
como si me gustase el entorno

Comer con alegría 
como si la comida no hubiese sido motivo de conflicto en mi vida

Llevar una agenda e ir cumpliendo lo que me he propuesto 
como si creyese en mí

Creer a quien me dice que me quiere 
como si me creyese digna de ser amada

Amar con la cabeza y el cuerpo entregados a quien amo 
como si no me diese miedo la entrega

Frecuentar a las amistades 
como si me sintiese cómoda en sociedad

Llegar a tener amigos y amigas íntimas 
como si no me intimidase la intimidad

Ser constante con las actividades que me traen bienestar 
como si tuviese derecho a ser feliz

Tratar a mis seres queridos con naturalidad
como si yo me perdonase lo que ellos, a lo mejor, tampoco pueden perdonarme

Morir en paz cuando llegue la hora 
como si hubiese vivido de manera consecuente.

Quizá, así, consiga quererme a mí misma. Porque el roce hace el cariño.







sábado, 19 de mayo de 2018

Menos es más... Y al revés



Tendré más tiempo si trabajo menos.
Tendré menos dinero.

Tendré menos recursos sin tantos ingresos en mi cuenta. 
Tendré más tiempo para visitar a quienes no tienen recursos.

Tendré más sitio en casa si me deshago de lo superfluo. 
Tendré menos apego.

Tendré menos necesidad de comprar si reutilizo de forma creativa. 
Tendré más sensación de confort.

Tendré menos tiempo si amaso mi pan. 
Tendré más salud. 

Tendré más autoestima si me escucho y me cuido. 
Tendré menos dolor.

Tendré menos ansiedad si medito. 
Tendré un poquito más de claridad.

Tendré más cariño hacia mis cosas si yo misma las creo. 
Tendré menos necesidad de comprar.

Tendré menos pertenencias si no tengo dinero. 
Tendré más agradecimiento por las experiencias que puedo disfrutar.

Hay mucha riqueza en el volátil tiempo. Hay mucha vida que no estoy viviendo por ajustarme a la norma. Hay mucha alegría en una vida con sentido. Hay muchas cosas que no necesito. 

No todo será perfecto, pero hay belleza en la imperfección. 

martes, 15 de mayo de 2018

En el fondo

Ilustración de Ana Juan

En el fondo sabemos la respuesta.
Sólo necesitamos cargarnos de razones para poder perdonarnos a nosotres mismes. Por eso lo contamos; por eso nos justificamos.

lunes, 14 de mayo de 2018

Si esto es vida



Collage de Franz Falckenhaus



Porque estoy viva es que dudo. Dudo porque pienso.

Porque estoy viva es que aprendo. Aprendo porque siento curiosidad.

Porque estoy viva es que me emociono. Me emociono porque me importa lo que veo.

Porque estoy viva es que me canso. Me canso porque trabajo.

Porque estoy viva es que me duele el cuerpo. Me duele el cuerpo porque lo uso.

¿Uso mi cuerpo? ¿Lo utilizo? ¿Me sirvo de él? ¿Lo hago ir aquí o allá? ¿Lo disciplino? ¿Es mi cuerpo mi sirviente? ¿Está al servicio de mi mente? ¿Mi cuerpo debiera hacer lo que mi mente le ordena?

¿Soy yo una mente que señorea, desde su atalaya, en mi cuerpo?

¿Es mi mente un rehén en la cárcel de mi cuerpo?

La cuestión es que estoy viva. Mañana hablaremos de si esto es vida.


jueves, 19 de abril de 2018

Este solar no se vende


 Mural al solar Corona, València.

Nadie, pero nadie, nadie, me va a cuidar si no me cuido yo.
Nadie me va a respetar si yo no pongo las bases y me muestro, al principio de cualquier tipo de relación, incapaz de poner límites.
Nadie me va a querer más por darme más, por ser más obsequiosa, más abnegada, más servicial.
Esa es una trampa que se va a volver contra mí.
Cuando las circunstancias cambien ya estará hecho el mal. Cualquier cambio en ese estatus establecido, sea por salud, por cambio de mentalidad o simplemente porque los años pasan, harán que las bases mal puestas hagan tambalearse el edificio.
Al final, lo que quedan son ruinas.
Y todo por no haber partido de una buena base.
Habrá que pensar qué se hace con ese espacio libre. Quizá, simplemente, dejar que la hierba crezca.

sábado, 14 de abril de 2018

Vivir sin vida

Katrien de Blauwer, Gray scenes 2


Se puede vivir sin vivir, sin saber vivir.
No saber lidiar con la vida, con los sentimientos. Se puede vivir sin tener fuerzas para sacar la vida adelante. Se puede vivir dando la impresión de estar viviendo, pero muriendo. Se puede vivir sin  capacidad para solventar los problemas, sin saber superar los contratiempos, con miedo, con tristeza perenne, con incapacidad para ser feliz ni que otros lo sean. Se puede vivir sin alas para soñar, en casas inacabadas, reflejo de vidas inacabadas. Se puede vivir por costumbre. Se puede vivir sin esperanza, esperando que esta vida se acabe de una vez. Se puede vivir en soledad con gente alrededor, se puede vivir matando y dejándose matar. Se puede vivir en la cobardía de no saber acabar con la vida. Se puede vivir sabiendo lo que se puede hacer sin hacerlo. Se puede vivir. Otra cosa es que eso sea vida.

Mejor dormir




Dormir hasta el último día y no sentir.

Sentir es engañoso, no es fiable. Conseguir dar a entender lo que se siente, una utopía. Sentir lo que es bueno, una incapacidad. No sentir lo que es conveniente, un mundo.

Sentir está sobrevalorado. Sólo conlleva conflictos, internos  y externos También, si cometes la imprudencia de decirlo. Lo que se siente es, además, imposible de explicar, imposible de llegar a ser sistematizado de manera que los matices queden patentes. Siempre cabe la posibilidad,encima, de que choque con el sentimiento de otras personas que no tienen la obligación -quizá tampoco las ganas- de ver lo que nosotros vemos. También es posible que ya tengan bastante con sus propios sentimientos, como para venir a ocuparse de los de los otros.

En fin, que es muy difícil. Es mejor dormir. Dormir mucho y que vaya pasando el tiempo.

martes, 20 de marzo de 2018

Indefensión

Rocío Montoya


Las madres que crían solas sin recursos se sienten indefensas.
Quienes quieren estudiar y no pueden por falta de recursos se sienten en indefensión.
Las criaturas que son abandonadas, tengan o no tengan casa, se sienten en indefensión.
Las personas a las que se difama se sienten indefensas.
Quienes pierden su casa por haber perdido su trabajo se sienten en indefensión.
Las mujeres acosadas se sienten indefensas.
Las personas refugiadas a quienes nadie quiere y no tienen futuro se sienten en indefensión.
Quienes no tienen un trabajo con el que mantenerse de forma autónoma se sienten en indefensión.
Los manteros se sienten indefensos.
Quienes son llevados a juicio por una opinión se sienten en indefensión.
Las personas que no salen adelante con su pensión se sienten en indefensión.
Las criaturas que sufren acoso escolar se sienten indefensas.
Quienes no pueden acceder a un buen abogado frente a un pleito se sienten en indefensión.
Quienes padecen una enfermedad mental que sólo se puede contener y no curar se sienten en indefensión.
Yo me siento indefensa con todas esas personas. Sufro sus indefensiones y las mías propias.
¿Cómo defenderse de la sensación de indefensión?
¿Es la ceguera la solución?
¿La lucha? ¿No es el gigante demasiado grande?
¿Soltar esa sensación me ayudará? ¿ayudará a superar la indefensión de todas esas personas?
¿Cultivar la mirada hacia lo no perdido me ayudará? ¿Ayudará a otros?
Esperanza ¿Estás por ahí? Te busco.


Rocío Montoya






miércoles, 14 de marzo de 2018

Resiliencia

Una mujer siria tiende la ropa en Tabqa, adonde llegó tras huir del bastión yihadista de Raqa, el 6 de septiembre de 2017
(afp_tickers)


Bombardeo.

Bombardeo en Siria, bombardeo en mi vergüenza.
Bombardeo de desinformación en los medios, bombardeo en la línea de flotación de mi serenidad.
Bombardeo de patriotismos, bombardeo en mi sentido de pertenencia, hasta sentirme apátrida.
Bombardeo de mala educación en las redes, bombardeo en mi asco, que lo salpica todo.
Bombardeo de injusticias, bombardeo de desesperación en mí.


Como una ciudad arrasada está mi alma. Humean las ruinas de mi cuerpo, en el que parece, a ratos, no quedar piedra sobre piedra. Por momentos todo hace aguas, está lleno de cenizas. Me repliego en mí, como las mujeres en su casa devastada, haciendo inventario de los pocos platos que no se han roto, de la harina que les queda, pensando en si tendrán que ir a buscar, donde sea, con las monedas que les quedan, un poco de aceite para hacer algo de comida a sus niños y, quizá, curar alguna herida.

Después del ruido de las bombas, del inventario de enseres y de seres enteros o rotos, viene un silencio raro. Un silencio en el que los oídos aún se resienten del estruendo. Es entonces cuando esas mujeres se sientan en el suelo, en medio de lo que queda de sus casas, y simplemente sienten la nada de su corazón. Miran sin rabia, sin desgarro, simplemente porque no pueden sentir en ese momento. Así, sentadas, mirando sin ver, pasan un tiempo que parece transcurrir en un desierto sin noche y sin nada que no sea arena a la vista. Como si ya estuvieran muertas.
Luego, más o menos cerca, empiezan a escuchar murmullos y el sonido de pequeños pies subiendo y bajando de los montones de escombros. Una vocecilla aguda grita con sorpresa, se oyen risas. Son los niños. Los suyos, los de otras mujeres, da igual. Son los niños vivos, que pronto dejan atrás el pasado, aunque a veces habrá que abrazarlos por la noche, cuando sueñen. Pero cada mañana volverán a levantarse para salir corriendo entre esa nueva realidad hecha de cascotes, que para los mayores es un signo de devastación y para ellos un campo de juegos. Algunos sobrevivirán y contarán a sus hijos y nietos cómo vivieron esos tiempos. En qué plaza o barranco jugaron. Porque la vida sigue.
De entre las madres, las irrecuperables no volverán a levantar cabeza, su mirada quedará perdida para siempre. Otras, después del duelo, se levantarán, aún con dolores, se sacudirán la ropa y se pondrán a amasar algo de pan, para ellas mismas y para esos niños que corren por ahí. No queda otra.

Así está  mi alma, que desea alejarse del conflicto que tanto duele porque ya no quiere más ser parte de esa batalla en la que la violencia engendra violencia.
Porque ahí radican la muerte y el expolio interior.

sábado, 10 de marzo de 2018

Otro mundo es posible

Geoda.  Autoría de la foto desconocida


El verdadero poder está en la fuerza sabida y asumida. En la fuerza sin ira que, tranquilamente, de manera asertiva y serena, demanda lo que es un derecho inalienable.

Millones de mujeres hicimos huelga el pasado 8M, no sólo en los trabajos remunerados sino también en las tareas de cuidados que no constan en ninguna nómina, para decir que "hasta aquí", que seguiremos cumpliendo con nuestro día a día pero no somos inconscientes, que sabemos que lo que hacemos tiene valor y queremos que se reconozca. Que no queremos ser explotadas ni manipuladas por convenciones impuestas.  Que nuestras vidas, nuestros cuerpos, nuestra integridad física y mental han de ser intocables porque, por más que hayan sido siglos de abuso y menosprecio, la dignidad no se nos toca. Ni la nuestra ni la de ninguna de nuestras hermanas de éste y cualquier otro lugar del mundo.
Muchas lo tienen asumido desde hace mucho, otras hemos ido descubriéndolo con los años y otras más habrán tomado más conciencia en estos días.

El 8M, durante todo el día, pasamos de sentir la emoción de ver a miles de nosotras alzando la voz desde la alegría, en lugares abiertos, a acercarnos a descansar un rato en pequeños lugares en la retaguardia,  donde compañeros nuestros nos cuidaron con naturalidad, nos ofrecieron algo de beber o de comer para que descansáramos y volviésemos a las calles. En todo momento, todo, desde el respeto a las personas y a las cosas, desde la educación, sabiendo cada quien cuál era su papel ese día.

Otro mundo es posible. El capitalismo despiadado que compra nuestro tiempo, nuestra fuerza y quisiera despojarnos de nuestra alma está ahí, pero no hemos perdido nuestra humanidad y somos capaces de demostrar solidaridad y voluntad. De la buena.
Y sí: Quiero decir buena voluntad. Esa es la verdadera revolución. No hablo de poner la otra mejilla para que nos abofeteen, sino de demostrar serenamente que, por más que intenten golpearnos, sabemos de nuestra fuerza como movimiento y queremos que toda mujer sea consciente de su propio poder. No se trata de agachar la cabeza, sino de razonar una primera vez y, si la otra persona no quiere escuchar, dejarla atrás para seguir el camino. La violencia diluye la fuerza, la concentración meditada lleva más lejos. Llamadme buenista.

Sí, otro mundo es posible. Cambiemos nuestra realidad. Es posible.
Seamos inteligentes, dejemos la ira infructuosa, los egos a un lado -los nuestros y los de los quienes sólo pretenden su propio bien, ya sean fuerzas políticas u hombres mal acostumbrados- y no dejemos de dar un paso tras otro hasta que nos sacudamos el yugo que nos hace ir por caminos ya trillados, para beneficio de unos pocos. Van a querer banalizar nuestra lucha, van a querer neutralizarnos, domesticarnos una vez más. Y no.

Que no nos engañen. No necesitamos más para consumir más, como el sistema imperante quiere. Al menos no todas. Lo que las mujeres queremos es trabajo digno, sueldo digno, trato digno para ser las gestoras de nuestro cuerpo y de nuestra existencia. Y vamos a luchar por ello. A nuestra manera.

Ahora pensemos en cómo lo queremos. Sabemos hacerlo y sabemos hacerlo bien.


martes, 16 de enero de 2018

Querida niña

Querida niña:

Sé que te sientes sola muchas veces.
Sé que te sientes poco querida por personas a las que tú quieres mucho, que no eres correspondida, que intentas acercarte una y otra vez a esa persona que querrías que te amara porque sí, porque eres, simplemente, y topas contra una pared. Que querrías un beso y te encuentras una mano que te aparta.

"Early"  Aron Wiesental


Mira, yo te quiero. Mi niña bonita, te quiero sin condiciones. Te quiero como eres. Te quiero aunque te hayan dicho que te has portado mal, porque sé que lo quieres hacer bien. Porque cada día aprendes un poquito, una cosa nueva sobre esto de vivir.

Da igual si alguna persona no te ve como yo te veo. Sé, porque te miro y te veo, que tú tienes miedo a veces a la soledad, a esa que tú no escoges, a la que viene del desaire. Sé que te sientes a veces un poco al margen. Crees que eres tolerada y eso te hace ir con pies de plomo. Sé que tú quieres ser una buena niña y eso no significa ser una niña siempre obediente, siempre pendiente de la reacción de los demás, siempre sumisa y biendicha. Tú quieres ser una buena niña que no guarda rencor y quiere que todo el mundo que te rodea sea feliz, aunque no sea responsabilidad tuya. Porque no es tu responsabilidad el que los demás estén de buen o de mal humor. No es responsabilidad tuya, pequeñita. Si alguna vez has hecho enfadar a alguien o le has hecho sentir triste y no perdona, aún cuando tú hayas aprendido pronto lo que es el sentimiento de culpa y sabes lo que es pedir perdón... Ya no es responsabilidad tuya.

Escúchame. Yo siempre te voy a querer. Todos los días. Pase lo que pase. Te lo prometo.

Ven aquí que te abrace, mi niña. La niña que fui y que aún está en mí.