 |
| Muñoz, M. (2020). Todo en una. [Collage] |
Zaragoza, a 15 de mayo del 2020
Hola, cuerpo.
Compañero cuerpo, cuerpo querido, cuerpo odiado, cuidado y descuidado, maltratado, acallado, empequeñecido y también agrandado hasta hacerlo invisible.
Te he querido poco y mal muchas veces, a ti, que me has sido leal siempre. Te he moldeado hasta hacerlo irreconocible, sólo por ocultarme tras una supuesta monstruosidad que no se avenía a las normas de estos tiempos y, aún así, obstinadamente, has dejado traslucir la belleza de la dignidad humana que me correspondía. Otras veces te he hecho pequeñito hasta que no me reconocía en ti.
Y sin embargo, aún a pesar de mí en algunas ocasiones, me has hecho vivir momentos gloriosos. Sé lo que es la subida a la cima del placer, la explosión larga, dueña de sí misma y que trasciende lo físico que da un orgasmo y dos y tres y... Sé de la dejadez desbaratada y extasiada de después del sexo.
Sé lo que es la sal del mar secándose en mi cuerpo, del sabor a sal al pasar mi lengua por mi propio brazo mientras tomaba el sol. Sé del placer de acunar a un bebé recién nacido. Sé lo que es parir dueña de mi propia fuerza, de mi propio dolor, de mi propio poder, de mi propio desgarro.
Sé lo que es sentir que sube el amor por mi pecho al oler el nacimiento del pelo de la persona a la que amo. Sé lo que es la tensión que me recuerda que estoy viva cuando te hago moverte y me gritas, cuerpo mío, desde cada juntura.
Sé del hambre y de la sed, del cansancio y el reposo, del pequeño lujo al tacto de unas sábanas limpias, una puesta de sol en la playa, el olor a pino, tomillo y romero en el monte de mi niñez, el azote del viento en mi pelo revuelto...
Gracias. Gracias por servirme de vehículo para vivir tantas cosas, gracias por ser mi alerta ante el peligro y la enfermedad. Gracias por ser mi amigo más fiel, el único que me ha acompañado siempre, aún en los momentos en que lo más fácil hubiese sido desistir y abandonarme.
Gracias por perdonar mi maltrato, por comprender que, quien hace daño, casi siempre es porque siente mucho dolor. Gracias por esperarme y no desesperar, por seguir adelante con cada cicatriz nueva, con cada hueco dejado por una cirugía. Eres un cuerpo valiente.
Siento haberte llenado de cosas que no te iban bien como si fueras el cubo de la basura. Han sido muchos pensamientos negativos y recurrentes. Te he intentado matar por saciedad y llenarte haciéndote el vacío. te he hecho ir agachado, enroscado sobre ti mismo como si fueses un insecto, una cochinilla que se hace una bola cuando se siente amenazada y otras cosas que no voy a recordar, por compasión.
Y sin embargo, a pesar de todo, aún quedan vestigios de tu belleza y tu dignidad sigue estando ahí. Sigues funcionando a pesar de los achaques, como los buenos.
No sé si habrás notado que te quiero cuidar. Últimamente dejo de lado aquello que te pueda dañar o sea dudoso. Busco escucharte más, callar más y ver qué necesitas. Y ¿Sabes por qué? Porque te quiero querer, porque me quiero. Quiero que esto sea el principio de una larga amistad, el reencuentro de un amor de la niñez, la inocencia del principio de la creación y un amor hasta que la muerte nos separe. Hoy, ahora, estoy viva, que la muerte ya vendrá, como dice nuestro Pau Donés.
Querido cuerpo, quiero bailar contigo y que nos quiten lo bailao.
Con amor
----------------------------------------------------------------------------
Zaragoza, a 17 de mayo de 2020
Querida M.
Gracias por acordarte de mí y tenerme presente.
Me gustaría decirte, antes que nada, que me da mucha pena que tu relación conmigo haya estado tan a menudo ligada a tu sentimiento de culpa. Sé que no ha sido por falsa moralina en relación al sexo, por ejemplo. Siempre has sido disfrutona, aunque haya habido épocas en que sólo has disfrutado cuando has decidido no juzgarme por adelantado.
Culpa y juicio, sí. Esas son las dos actitudes que más me han dolido de ti siempre. Bueno, también que me hayas castigado a mí cuando sentías rabia hacia otras personas, como tu madre, por ejemplo, o tu anterior pareja.
Has sido mucho de tragar, tú. Tragar con todo y tragar, después, de todo. Vomitar te ha costado mucho, en el sentido literal y físico de la palabra. Pero vomitar tu desesperación por esa boquita... Si las paredes hablasen... Yo sí te he hablado en estos años. Siempre. No podrás decir que no he sido franco contigo. Me he engordado porque te comiste tu frustración, se me han roto los dientes porque me sentía sin fuerzas, después de que los apretaras, no sé si por no liarte a mordiscos o por aguantar las malas rachas. Mi cara -tu cara- se ha llegado a volver insensible después de un dolor insoportable... A este puzzle que es tu cuerpo le faltan piezas, aunque sigue reconociéndose la forma. Cada hueco de lo que falta es una cicatriz.
Aún así, lo que peor he llevado siempre es que, encima, me juzgases tan mal. Me hubiese gustado que me aceptaras como se acepta a un hijo, si eres una madre medio normal. Ninguna madre normal ve feo a su hijo. De hecho, es capaz de ver bondades en su hijo o hija aunque sea lo más borde de este mundo. Creo que he estado esperando todos estos años de la misma manera en que tú has esperado el amor maternal.
Y, sin embargo, sé que te has sentido mal por eso y te has pasado muchos años intentando restaurar esa relación conmigo. No desde el castigo y la penitencia, como tantos años hiciste, por no ser perfecto -como si la perfección existiera o hubiese sólo un modo de perfección-.
Desde hace un tiempo, unos años, intentas darme voz, intentas escucharme más, intentas no juzgarme tanto y aceptarme como estoy. También intentas no culparte tanto a ti misma. Yo lo sé, lo noto. Procuras darme las cosas que necesito y ahorrarme el trabajo de deshacerme de las cosas que no me hacen bien. Te sale mejor unas veces que otras, pero me gusta tu intención.
No tengas miedo: lo que tenga que pasar conmigo, la salud y la falta de salud también, dependen en parte de ti, es verdad, pero no sólo de ti, de tus cuidados o tus pensamientos. La muerte vendrá, a todo el mundo le llega y nadie sabe cómo será. Pero una cosa te voy a decir: Vamos a tomárnoslo con calma. Vamos a querernos y a vivir día por día, tú y yo. O yo y yo, no sé. Sé que estamos aprendiendo mucho y que eso nos sana a nosotras y a nuestro entorno. Estamos aprendiendo a hacerlo bien día por día.
Sabes que siempre me tendrás contigo, pase lo que pase, hasta que la muerte nos separe, como tú dices.
Estoy contigo.
Un abrazo fuerte.
Tu cuerpo que te quiere y te espera.